
¿Habrá alguien tan poco religioso que permanezca insensible? ¿O tan insolente que no se sienta avergonzado? ¿Tan libertino que no se refrene? ¿Tan disoluto que no se contenga? ¿Tan perverso que no se arrepienta en estos días? No es para menos. Vivimos la pasión del Señor, Que hoy también hace temblar la tierra, quiebra las rocas y abre los tumbos. Y es inminente también la resurrección, en que celebraréis la gran solemnidad del Señor Altísimo. ¡ojalá la agudeza y el empeño de vuestro espíritu os haga comprender las sublimes maravillas que hizo! Nada se podía va a ser mejor en el mundo que lo que hizo el Señor En estos días; nada más provechoso puede recomendar se al mundo que celebrar perpetuamente cada año su memorial con avidez espiritual y saboreando el recuerdo de su inmensa bondad.
Todo lo hizo por nosotros, y de allí nos vienen los frutos de salvación y la vida del espíritu. ¡qué admirable, Señor, es tu pasión! Ella no se libró de todas nuestras pasiones, aplacó todas nuestras maldades y jamás resulta ineficaz frente a nuestras miserias. ¿existe un veneno mortal que no desaparezca con tu muerte?
Es evidente que esta pasión es plenamente eficaz para aniquilar todos los pecados posibles. ¿pero estoy cierto que se me ha aplicado a mi? Sí, porque soy el único a quien puede aplicarse. El ángel no la necesita. Y el demonio es ya incapaz de levantarse. Además no se hizo semejante a los ángeles, y mucho menos a los demonios; se hizo un hombre como los demás y se presentó como un simple hombre, y se abajo hasta parecer un esclavo. El hijo pasó por un esclavo. Y no sólo esclavo para estar sometido, sino para ser castigado como un mal siervo, y cumplir la pena de un siervo rebelde, aunque era absolutamente inocente.
Dice el texto sagrado que se hizo semejante a los hombres, no al hombre. Es que el primer hombre no fue creado en una condición pecadora o algo similar. Cristo, en cambio, se sumergió decididamente hasta el fondo de toda la miseria humana, para que el ojo agudo del diablo no atisbar a este misterio insondable de amor. Por eso apareció siempre como un hombre cualquiera, y jamás quiso valerse de su naturaleza para singularizarse lo más mínimo. Y como actuó así, fue crucificado. Solamente se manifestó a unos cuantos, para que hubiera alguien que creyera en Él. Y se ocultó a todos los demás, pues si lo hubieran descubierto, jamás hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Considera, pues, que espléndida ha sido contigo la majestad. Todo cuanto hay en cielo y tierra lo hizo con una sola palabra. ¿Hay algo más fácil que decir una palabra? ¿Pero se contentó con una sola palabra cuando te rehízo a ti, su criatura? Vivió treinta y tres años en el mundo, en trato directo con los hombres. Desacreditaron cuanto hacía, acecharon lo que decía, y no tuvo donde reclinar la cabeza. Y esto ¿por qué? Porque el Verbo había prescindido de su sutileza y tomó un tosco sayal. Era carne y sufría toda su pesadez.
El Señor Jesús nos abrazó a través de nuestro trabajo y nuestro dolor. Hagamos que nuestra rectitud y su santidad se abracen fuertemente: obremos siempre con rectitud y suframos valientes por causa de la justicia. Repitamos con la esposa: lo agarré y ya no lo soltaré. Y con el Patriarca: No te soltaré hasta que me bendigas. ¿Qué nos falta ya, sino la bendición? ¿Qué resta después del abrazo, sino el beso de paz? Si estuviera así de compenetrado con Dios, le rogaría con toda confianza: ¡que me bese con el beso de su boca!
Danos ahora, Señor, a comer y llanto y beber lágrimas a tragos, hasta que eches una medida generosa, colmada y rebosante en nuestra regazo. Tú, que estás en el regazo del Padre, Dios bendito por siempre.
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