El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima. El Papá León XIII, alabando esto doctrina ignaciana, ya hablaba de meditación; decía: “por sí mismos, la famosa meditación de la finalidad del hombre basta para enderezar por completo la sociedad”.
Y con estos breves renglones S. Ignacio responde, partiendo de la verdad revelada, a dos preguntas que de alguna manera han estado presentes en cada ser humano que ha pisado esta tierra: “de dónde venimos” y “a dónde vamos”. Son preguntas que no podemos darnos el lujo de no saber la respuesta; y no solamente en la teoría, sino vivir de acuerdo a esta respuesta.
Si encontramos algo nuevo en nuestra casa/colegio/trabajo; lo primero que nos preguntamos es “qué es”; luego “quién lo trajo” (para saber qué intenciones puede haber tenido) y por último “para qué sirve”. Con estas tres preguntas ya vamos a saber todo lo necesario para aprovecharnos de él. Así también nosotros; sabemos que somos seres humanos, y tenemos que saber con la misma perfección que venimos de Dios y a él tendemos.
Fin del hombre

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